Cómo limpiar, proteger y guardar bolsos de piel, lona y otros materiales.
Revisión antes de limpiar
Vacía el bolso y revisa costuras, cantos, forro, herrajes y zonas de roce con buena luz. Identificar manchas, deformaciones o humedad antes de actuar ayuda a evitar una limpieza demasiado agresiva.
Piel lisa y piel delicada
Retira el polvo con un paño suave y seco. Para cualquier producto de cuidado, prueba primero en una zona poco visible y utiliza muy poca cantidad; el exceso puede alterar el color, el brillo o la textura.
Lona, nailon y tejidos
Elimina el polvo con un cepillo suave y trabaja las marcas localmente, sin empapar la estructura. Evita frotar con fuerza estampados, bordados, bordes pintados o zonas pegadas.
Humedad y secado
Si el bolso se moja, absorbe la humedad sin frotar, rellena suavemente la forma y deja secar a temperatura ambiente. No utilices secador, radiador ni sol directo, porque pueden endurecer materiales y deformar adhesivos.
Almacenamiento correcto
Guarda el bolso limpio, seco y sin peso encima. Utiliza un relleno ligero que no fuerce las esquinas, protege las cadenas y deja espacio para que el aire circule.
Rutina periódica
Una revisión breve cada pocas semanas permite detectar polvo, presión, transferencia de color o humedad antes de que se conviertan en problemas mayores. Conserva también una referencia fotográfica del estado.
